La exposición “El Amor (no) Nos Destruirá” reflexiona sobre el amor en la era de las redes sociales y la posverdad

La exposición “El Amor (no) Nos Destruirá”, compuesta por más de 60 obras en diferentes soportes, desde la escultura a la pintura o el videoarte, se podrá visitar hasta el mes de mayo en la sala de exposiciones de la Hospedería Fonseca.

Esta muestra colectiva—que toma su título de una célebre canción de Joy División editada en 1980— reúne una treintena de artistas nacionales e internacionales que reflexionan sobre el amor en la era de las redes sociales, la posverdad y el capitalismo cultural; explorando el amor —y el deseo— como conflicto y vía de escape en un tiempo en que la polarización ideológica y las prácticas mercantiles neoliberales han transformado las formas en que interactuamos afectivamente.

En ese marco destaca el trabajo de Elena del Rivero, “La Perfecta Casada”, que la artista expone por segunda vez en la Universidad de Salamanca, tras su presentación en 2002 en el Aula Fray Luis de León del Edificio de las Escuelas Mayores. Esta pieza está concebida como un gigantesco traje de novia que invita a reflexionar sobre el concepto de la mujer en el matrimonio. También destaca una “performance” sobre “Las Vejaciones”, obra compuesta para piano por el músico francés Erik Satie y recuperada en 1962 completa el recorrido.

En la era de las “intimidades congeladas” (Eva Illouz) se perfila una suerte de “capitalismo emocional” (Byung-Chul Han) que, por una parte, ha contribuido a la disolución de la imagen de la pareja tradicional y de los tabúes y prejuicios heteronormativos en torno al género y la sexualidad pero, por otra, promueve que las relaciones amorosas se definan, cada vez más, por modelos de negociación, intercambio y consumo voraz, predeterminados por los algoritmos, las redes sociales y las fuerzas del mercado.

La hipótesis que se defiende en esta exposición es que el amor (en todas sus formas) trasciende el ámbito de lo emocional para convertirse “en un poderoso dispositivo de reflexión en torno al presente y el arte se convierte en el lenguaje privilegiado para expresar aquello que las palabras, por sí solas, no son capaces de decir”, según explicó Panera.

El amor como fuerza política
En un contexto marcado por la fragmentación social, la hostilidad y la extrema polarización ideológica, el amor emerge como un acto de resistencia capaz de poner en evidencia conflictos, donde “lo personal es político”, pero también como una fuerza creativa, capaz de crear espacios de diálogo y entendimiento.

El amor en las artes ha pasado de las representaciones románticas más o menos arquetípicas, a cuestionamientos y deconstrucciones de las narrativas tradicionales, abordando temas como la ambigüedad, la fluidez, la mercantilización, la manipulación o la diversidad sexual. Como lugar de encuentro, el amor —y el deseo— nos sitúan en un territorio compartido donde las diferencias no se anulan, sino que se integran, contribuyendo a la construcción de una realidad plural y verdaderamente humana.

En la era de la circulación promiscua de la información, las artes se han convertido en un extraordinario laboratorio donde el amor —y en ocasiones las emociones extremas— no son solo un sentimiento privado, sino también una fuerza política.

Los creadores actuales deconstruyen las representaciones idealizadas del amor y las subvierten; y la vivencia afectiva se convierte en una experiencia fragmentada, ambigua y multifacética, rompiendo con aquellas visiones legitimadas a través de la literatura, el cine, la música o las artes visuales del pasado, para arribar a otros territorios donde el acto de amar sigue siendo una aventura en la que merece la pena embarcarse.