Su norma es clara: “Nunca fuerzo una puerta ni rompo un cristal. Y si tocas algo, lo dejas exactamente como estaba”. Reconoce que camina “en el borde de la legalidad” y que hay que conocer bien ese límite. Las anécdotas abundan: suelos que ceden sobre bóvedas de seis metros, encuentros tensos o accesos inesperados.
Es mucho trabajo”. También rastrea hemerotecas y guarda casos durante años hasta comprobar que el abandono es real.
Sobre la comunidad exploradora, se muestra crítico. El intercambio de ubicaciones, dice, suele terminar en saqueos. “Subes un vídeo y puede servir de mapa a un ladrón”. Le duele volver a una casa intacta y encontrarla arrasada: “Es un duelo raro, pero lo es”.
El componente paranormal, reconoce, atrae audiencia. “Si quisiera, podría inventarme un susto en cada vídeo. Pero la realidad no funciona así”. Tras más de 600 exploraciones, solo una decena le resultan difíciles de explicar: “Hay sitios donde te sientes observado, donde te duele la cabeza sin motivo”.
Recuerda especialmente un castillo del siglo XV en Francia donde un manojo de llaves cayó sin causa aparente ante su equipo. “Puedes buscar mil explicaciones lógicas. Pero cuando las descartas todas, te queda lo otro”.
Con el tiempo, la vivienda sufrió dos incendios. “No puedo demostrar nada, pero la sospecha está”. A raíz de aquel vídeo contactó con la excompañera de celda de Rosario Porto y profundizó en el caso, que asegura que “se me ha metido dentro”.
También localizó la tumba de la menor en Santiago, comprobando que comparte sepultura con su madre. “La víctima y su asesina juntas. A mí eso me chocó muchísimo”. Visitó el lugar y llevó flores.
“Ahí ya no estás haciendo urbex, estás haciendo otra cosa”. Confiesa que ha tenido pesadillas recurrentes: “Es el sitio donde más he sentido lo que la gente llama mal rollo”.
En lo económico es claro: “De hacer urbex puro no se puede vivir en España”. Los ingresos de YouTube y TikTok no cubren gastos. Su sustento proviene de formar a creadores para monetizar directos en TikTok; con ello financia las exploraciones.
“Es una paradoja: lo que más siento depende de algo que no tiene nada que ver con el abandono”.
La motivación real de HauseTV es puro amor al arte: “Lo que me hace feliz es pensar que, gracias al urbex, una cárcel olvidada, una escuela perdida o la vida normal de una familia cualquiera no desaparecen del todo”.