La fotografía de hoy es de María José Arias. Imagen de una de las entradas a la Plaza Mayor de Salamanca con el Mercado Central de fondo.

Bajo el arco principal de este Pabellón Real podemos ver una inscripción que reza textualmente: “Aquí se mató una mujer, rueguen a Dios por ella. Año de 1838”. No se conoce el hecho que motivó la talla del letrero. La tradición afirma que ciertas vetas rojizas que hay en la columna del arco, bajo la inscripción, son las manchas de la sangre de dicha mujer.

Una explicación de estas inscripciones la aporta Eulogio Florentino Sanz en Francisco de Quevedo Drama en cuatro actos:
Escuchad con atención:
(con lentitud)
Siempre que es muerto un cristiano
al golpe de agena mano [sic]
sin hacer su confesión, los vivos, que en la infinita
bondad esperan con fe,
donde el hombre muerto fue
Clavan una cruz bendita.
[…]
Y esa cruz santa
lúgubre allí se levanta,
para repetir a todos:
—por tragedia tan cruel
del cielo invocando el nombre—
<<Aquí mataron a un hombre…
rogad al cielo por él>>

 

Es decir que la clave de este tipo de inscripciones estaba en morir sin confesión. Cuando eso sucedía, familiares y amigos del fallecido pedían a través de estas inscripciones, a todo el que pasara por el lugar, cuantas más oraciones mejor para que le fueran perdonados al muerto los pecados que no pudo confesar, según “Historias del cuarto de atrás”.
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