Misterio arqueológico en el Cerro de San Vicente: descubren un amuleto egipcio

Salamanca ha estado habitada desde la Edad de Hierro, periodo que data los años 900 y 400 antes de nuestra era, aproximadamente. Ya por aquel entonces, en el cerro de San Vicente había una ciudad amurallada, presidida por una gran vivienda circular de adobe situada en el centro y en la que, presumiblemente, vivía el señor de la aldea. A su alrededor, se levantaron otras construcciones habitacionales hace 2.500 años destinadas a sus familiares.

Este histórico lugar comenzó a excavarse en 1990 para desentrañar todos los misterios que encubría, como el descubierto recientemente por un equipo de científicos dirigido por Antonio Blanco, experto de la Universidad de Salamanca y los arqueólogos municipales Cristina Alario y Carlos Macarro. Tras centrar su campaña de 2021 esta “extraordinaria casa” del patriarca, según cuenta Blanco a El País, han descubierto un objeto que tendría unos 2.600 años de antigüedad, confirma Marcarro a El Español-Noticias de Castilla y León.

Se trata de un amuleto que representa a Hathor, una diosa egipcia de la danza, la música, el amor, la alegría, la sexualidad y el cuidado maternal. Según la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), esta deidad se concebía como la protectora de las embarazadas, el parto y las matronas. En general, era “la gran patrona de todas las mujeres”. Otras fuentes aseguran también que era la diosa de la política porque tenía un carácter vengativo para protegerse de los enemigos. En algunas ocasiones, podía ser representada como una vaca, dado su lado celestial y maternal, pero era más común que apareciera en forma de mujer con cuernos de vacatocado y disco solar.

Intercambio de objetos exóticos

Blanco detalla otros descubrimientos realizados en la vivienda, como que tiene dos bancos corridos, que estuvo habitada “durante siglos”, que tenía un “enorme hogar central con forma trapezoidal, que recuerda a una piel de toro extendida de connotaciones tartésicas”, y fue quemada de forma intencionada el siglo VI a.C. debido a un ritual. “Tras el fuego, su interior se rellenó con los adobes de las paredes, colocados cuidadosamente a soga en hiladas concéntricas”, precisa.

En su interior, se ha podido observar también “una inusual abundancia de molinos para molturar cereales”, dos candiles enteros y abundante vajilla fina de mesa pintadas. Estos objetos podrían ser indicios de que la casa tenía una “intensa actividad social”, ya que el gran señor celebraba comidas comunitarias para reunirse con sus súbditos e intercambiar objetos exóticos. Y es que también se han encontrado artículos de importación, lo que sugiere contacto con las culturas del Mediterráneo. Entre ellas, los fenicios y posiblemente los mismos egipcios. Además del amuleto de Hathor, aparecieron cuentas de collar y trozos de cuencos potencialmente originarios del Nilo.

Si se confirma la procedencia de estos artículos, significaría que este patrón consiguió contacto comercial con tierras a más de 5 mil kilómetros de su tierra. “Una hipótesis que barajamos”, señala Juan Jesús Padilla, de la Universidad de Salamanca, “es que el cerro estuviera mucho mejor conectado de lo que habíamos pensado con las rutas de larga distancia de hierro y estaño, metales entonces muy demandados y que a través de ellas llegaran conocimientos, objetos y costumbres del Mediterráneo oriental”. Después, el señor de la casa los intercambiaba o se los quedaba como regalo.

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