Manuel Villar y Macías

Manuel Villar y Macías (1828-1891) es uno de los salmantinos ilustres del siglo XIX. Historiador y cronista, interesado por el progreso de la ciudad y vinculado a todas las iniciativas culturales de la época, se suicidó arrojándose al río Tormes en el paraje Hondura del Cabildo.

El profesor José Ignacio Díez Elcuaz apunta en el Diccionario Biográfico que Villar y Macías nació en el seno de una familia acomodada, vinculada a la política y a la intelectualidad salmantinas. Los estudios y la profesión del padre, farmacéutico, fueron seguidos por sus hermanos, que los simultanearon con los de Medicina. Sólo él se matriculó en Derecho, aunque no llegó a ejercer como abogado y optó por dedicarse a la literatura, al periodismo y a la historia. “Su vida apacible de burgués rentista, con sus tertulias en el Casino y en el café Suizo, se vio acompañada de cierta propensión a la melancolía y aun a la depresión. Fue una persona de una gran religiosidad y colaboró con asiduidad en la prensa católica, lo que no impidió que mantuviera lazos de amistad con algunos liberales, pese a las diferencias ideológicas y políticas que los separaban”, escribe el historiador salmantino.

Poeta y escritor, Villar y Macías publicó su primer libro en 1852, que contiene poemas juveniles, algunos escritos con 16 años, como señala María Dolores de la Calle Velasco, profesora de la Universidad de Salamanca, en la “Revista de Estudios” editada por la Diputación. Desde 1851 comienza a colaborar y a trabajar en prensa en publicaciones como “Revista Salmantina” y junto con otros jóvenes inquietos, “pretendían una mejora de los medios de comunicación locales, la solución al problema del agua y la introducción en Salamanca de las novedades técnicas llegadas al país”.

Periodista

Dirige el semanario “El Álbum Salmantino” (1854), “Crónica de Salamanca” (1860), es nombrado vocal de la comisión provincial de monumentos artísticos de la Academia de Nobles y Bellas Artes de San Fernando (1866) y conservador del Museo Provincial (1877). En la década de los setenta Villar y Macías “consolida su protagonismo en la ciudad. Prosigue y acrecienta su atención por todo lo salmantino: escribe poemas a los músicos Bretón y Doyagüe, polemiza en el Casino sobre la modernidad de ciertas ciudades europeas a las que también dedica versos y colabora en lo cultural con esta entidad”, narra María Dolores de la Calle.

En 1877 se inaugura la línea de ferrocarril Medina-Salamanca. El rey viene a la ceremonia y Villar y Macías se encarga de mostrar la ciudad a la comitiva real. Con motivo de la visita real Manuel reedita el “Fuero de Salamanca”.

A partir de ese momento, escribe María Dolores de la Calle, sin dejar sus aficiones literarias “se dedica con ahínco al estudio de la historia. A la elaboración de la “Historia de Salamanca” consagra sus años de madurez y de síntesis de todos los conocimientos que a lo largo se su vida había ido adquiriendo”. Sin excesivas distracciones mundanas, porque desde la muerte de su madre vive solo al cuidado del ama de llaves Antonia Crespos Rincón, centra su interés en el estudio y en la “búsqueda de la verdad” de manera casi obsesiva. Lee con delectación a los cronistas que han escrito sobre Salamanca, escudriña la biblioteca universitaria, los archivos de distintas familias de la ciudad…, según se relata en la “Revista de Estudios” de La Salina. En la ciudad, dice María Dolores de la Calle, “alcanza el prestigio del sabio, del erudito, del intelectual transmisor de cultura, y en cualquier acontecimiento destacado de la ciudad figura con un papel relevante”.

Cuando se indica que la “Historia de Salamanca” está acabada en 1884, la Diputación compra un número de ejemplares superior al coste de la edición, asumida por el autor, tras el litigio ganado por la editorial que recurrió la decisión de La Salina de adjudicar la publicación de la obra a la oferta más cara. Este asunto suscitó vivas críticas que se reavivaron cuando años después (1887) se publicó la obra.

En medio de un ambiente enrarecido en la ciudad, en momentos de crispación social y política, el 8 de junio de 1891 “El Adelanto” recoge una crítica del periodista Juan Barco, uno de los más leídos de la ciudad, a la obra de Villar y Macías, que llevaba varios años en la calle y era apreciada por los salmantinos, según el relato de María Dolores de la Calle. Un error de Manuel en la fecha de la fundación del Colegio Fonseca fue el origen de una crítica áspera, que derivó en una “ensañada polémica que para Villar debió resultar despiadada”. Para quien había hecho del estudio de la historia casi un sacerdocio, la polémica le ocasionó inseguridad y tristeza, confirma María Dolores de la Calle: “No puedo levantar la cabeza delante de nadie. Han dado por el pie a mi obra de cuarenta años”. A los seis días de dar por acabada la controversia “que desde la perspectiva actual puede parecer un asunto normal en el que habría que limar alguna aspereza”, Villar y Macías se suicidó tirándose al Tormes. Es difícil encontrar un ejemplo de historiador tan entregado durante años a su quehacer, recalca María Dolores de la Calle: “Durante años vivió para su obra y cuando —a su juicio— la “matan”, el autor muere con ella”.

La Gaceta de Salamanca

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