El techo y el suelo de las Arribes, en una sola ruta en Aldeadávila

No es fácil decidirse por cuál de las dos panorámicas quedarse: si con la inmensidad casi vertical de Las Arribes desde la orilla del río Duero o con contemplar a “vista de pájaro” los agrestes parajes naturales del corazón del Parque Natural.

Pero hay una solución: no conformarse con una sola de ellas, sino optar por las dos desplazándose pocos kilómetros y sin salir de un mismo término municipal, el de Aldeadávila de la Ribera, descendiendo hasta la “Playa del Rostro” para desde la misma orilla del Duero ascender casi hasta el cielo y situarse en el mirador del “Picón de Felipe”.

Dos visiones de un mismo y espectacular paisaje que a nadie dejará indiferente, en una ruta que arranca en la localidad arribeña, bien comunicada con la capital de la provincia, a través de Vitigudino, y situada a poco más de una hora de viaje, 100 kilómetros de buenas carreteras.

Desde el centro de Aldeadávila se inicia el descenso hasta el Duero por un camino, aunque perfectamente asfaltado, de poco más de seis kilómetros, que va adentrando al visitante en la espectacularidad de Las Arribes hasta llegar a la base, la no menos espectacular “Playa del Rostro”, dotada de un gran arenal y un embarcadero.

Retomando el camino hasta llegar de nuevo a Aldeadávila de la Ribera comienza el ascenso al mismo tiempo que lo realizan los buitres que campean en los cielos de Las Arribes y que se dejan ver fácilmente desde uno de los miradores más espectaculares del Parque Natural, el situado en el “Picón de Felipe”.

Apenas siete kilómetros separan el municipio del mirador, que ofrece la posibilidad de contemplar desde las alturas una de las principales obras de ingeniería hidráulica más importantes de España, la presa de Aldeadávila.

Reportaje de La Gaceta de Salamanca.

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